Bingo salió a pasear esa tarde de enero y volvió con un hallazgo. El perro de la familia detectó entre el pasto a un pichón de cotorra de apenas diez días de vida, sin plumas, sin ojos abiertos y casi sin pulso. Su hermana le envió la foto a Valentina Acevedo con un mensaje directo: “Está medio muerto”. La respuesta de Valentina cambió todo: “Bueno, pero si está medio muerto, también está medio vivo”. Salió a buscarlo de inmediato, lo levantó y se lo llevó a casa. Así empezó la historia de Chiqui.


La primera noche: sin manual, sin experiencia y con ChatGPT
Valentina nunca había tenido un ave. Los pájaros, de hecho, le daban un poco de impresión. Sin embargo, algo la impulsó a no soltarlo. Lo acomodó en un recipiente con servilletas de papel para darle calor —los pichones no regulan su temperatura corporal y no soportan el frío— e intentó darle agua. El error fue inmediato: los pichones tan pequeños aún no tienen el mecanismo de deglución desarrollado. La gotita volvió al instante. Por eso, sin veterinario disponible esa noche, Valentina recurrió a ChatGPT Pro para investigar qué hacer hora por hora. Las primeras 24 horas fueron las más difíciles. Chiqui las superó.


El diagnóstico que nadie quería escuchar
Días después, Valentina llevó a Chiqui a una veterinaria especializada en animales exóticos. Allí aprendió a alimentarlo con embuche y a mantener su espacio limpio. Sin embargo, las placas revelaron algo grave: tenía las dos tibias fracturadas. Lo más probable es que hubiera nacido con una malformación y su madre lo hubiera empujado del nido. El siguiente veterinario al que consultó fue más duro: recomendó la eutanasia. Según su diagnóstico, Chiqui nunca podría volar, porque no tendría la fuerza ni la estabilidad en las patas para aterrizar. “Muerto va a estar mejor”, sentenció. Valentina lo miró a Chiqui, lo vio moverse con entusiasmo y decidió buscar una segunda opinión.

Cinco meses después: fisioterapia, acupuntura y sus primeros vuelos
Una veterinaria más empática fabricó unas botitas especiales para las patitas de Chiqui y trazó un plan de recuperación. Los avances llegaron de a poco, pero llegaron. Hoy, cinco meses después del rescate, Chiqui hace fisioterapia y acupuntura para recuperar movilidad en la patita con mayor potencial de mejora. Además, ya hizo sus primeros vuelos cortos, de mano en mano, como un boomerang que todavía aprende dónde aterrizar. Va con Valentina a casi todos lados, duerme rodeado de telas y polar, y una vez dijo “mamá” —solo una vez, pero dejó a Valentina impactada—. “A veces siento que yo lo salvé a él. Pero si soy sincera, creo que Chiqui también me salvó a mí”, dice.
Podés seguir su historia en el Instagram de Chiqui MC.
Fuente:
Redacción Lazoos
Fotos:
Cortesía
