Un galgo llamado Khan olfatea un mazo de cartas de tarot extendidas sobre una mesa en Seúl, Corea del Sur. Antes de que nadie lo guíe, pone una patada sobre una carta. Al otro lado de la mesa, su dueña, Ahn Hye-joo, espera con los ojos abiertos para escuchar qué significa eso. La lectora, Hwang Soo-kyung, interpreta la imagen: Khan experimenta ansiedad relacionada con los cinco cachorros que engendró. “Estos sentimientos son algo que los veterinarios o los entrenadores no detectan, porque no se manifiestan como un problema evidente para ellos”, dijo Ahn a Reuters. Sus ojos se iluminaron al escucharlo. Esa escena, repetida en docenas de locales de Gangnam y otros barrios de la capital surcoreana, define un fenómeno que ya tiene nombre propio: el tarot para mascotas.
Por qué creció en Corea del Sur y no en otro lugar
El contexto importa. Corea del Sur tiene la tasa de natalidad más baja del mundo. La vivienda es cara, la educación también, y cada vez menos surcoreanos eligen tener hijos. En ese escenario, las mascotas ocupan un lugar central en la vida emocional de millones de personas. Las encuestas del gobierno muestran que el 29,2% de los hogares surcoreanos tiene mascotas en 2026, frente al 17,4% de 2010. Ese salto no es solo estadístico: refleja un cambio en cómo una sociedad define la familia. Por tanto, el tarot para mascotas no es una rareza de boutique: es una respuesta cultural a una necesidad real de conexión y comprensión con el ser que comparte el hogar.
Cómo funciona una sesión y qué dice cada carta
Hwang Soo-kyung abrió su local Ace Sophia en Gangnam en 2014 y empezó a atender mascotas cuando sus clientes le preguntaron si podía leer el pensamiento de sus animales. Diseñó un mazo específico para ellos. Cada sesión cuesta 20.000 won, unos 14 dólares, y ningún cliente se ha limitado a una sola visita. “Vuelven porque una vez que empezás a preguntar qué piensa tu perro, no podés parar”, dijo Hwang. Las cartas con espadas, por ejemplo, pueden indicar malestar físico, como dolor articular. Otro caso documentado por Reuters es el de Ryu Su-mi, que llevó a su perra rescatada E-seul, que muestra pánico ante cualquier persona vestida como paramédico desde que Ryu sufrió un colapso en casa y fue hospitalizada. La lectura indicó que el trauma del animal persiste. “Nos miramos a los ojos todos los días, pero claramente hay mucho que nos estamos perdiendo”, reflexionó Ryu.

Lo que esta tendencia dice sobre el vínculo humano-animal en Colombia
En Colombia, dos de cada tres hogares tienen una mascota. El mercado de bienestar animal ya supera los $6,1 billones. Los psicólogos de mascotas, los servicios de comunicación animal y las consultas de bienestar emocional para perros y gatos crecen en Bogotá, Medellín y Cali. El tarot para mascotas todavía no tiene locales especializados en el país, pero la pregunta que lo mueve —¿qué siente realmente mi animal?— es la misma que se hacen millones de tutores colombianos. Por tanto, esta tendencia surcoreana no es tan lejana como parece: es el síntoma global de una transformación en la relación humano-animal que ya llegó a Colombia, aunque aquí tome otras formas.
Fuentes:
Reuters / AsiaOne