Los estudios arqueológicos e inmunológicos han demostrado que el cerebro de los perros modernos experimentó una reducción volumétrica sumamente drástica en comparación con los cráneos de sus ancestros directos, los lobos grises. Por esta razón, un equipo de científicos y genetistas de la Universidad de Budapest analizó los restos fósiles de diversas etapas históricas para comprender las causas evolutivas de esta misteriosa alteración en el sistema nervioso de los caninos. En consecuencia, los análisis revelaron que el encogimiento de la masa cerebral se aceleró de forma notable hace aproximadamente cinco mil años, coincidiendo de manera exacta con el momento en que la humanidad consolidó el proceso de domesticación e integró a los animales a los asentamientos agrícolas permanentes.

Las causas evolutivas de la reducción cerebral en el entorno doméstico
Por lo tanto, la transición de una vida salvaje basada en la caza activa hacia un entorno controlado por el ser humano eliminó por completo la necesidad de tomar decisiones críticas de supervivencia. En este sentido, los perros primitivos ya no necesitaban diseñar complejas estrategias de caza grupal, defenderse de depredadores alfa de gran tamaño o memorizar enormes territorios para encontrar alimento diario, debido a que los humanos les proporcionaban refugio seguro y comida constante de forma predecible. Al mismo tiempo, los biólogos evolutivos explican que este fenómeno responde al principio biológico de optimización energética, donde el cuerpo del animal reduce el tamaño de los órganos que consumen demasiados recursos calóricos si estos ya no resultan indispensables para mantenerse con vida.

Las capacidades cognitivas actuales frente al tamaño de la masa encefálica
Como resultado de este hallazgo que impacta las teorías sobre la evolución de la fauna doméstica, los expertos aclaran que el menor tamaño del cerebro no implica en absoluto una pérdida de inteligencia o de agilidad mental en los perros actuales. Asimismo, los estudios neurocientíficos confirman que las mascotas desarrollaron un conjunto de habilidades cognitivas y sociales completamente nuevas que les permiten interpretar el lenguaje corporal humano, comprender órdenes complejas y empatizar con nuestras emociones de una forma única en el reino animal. De este modo, la pérdida de volumen en las áreas primitivas asociadas al instinto salvaje dio paso a una reorganización estructural del cerebro, demostrando cómo la estrecha relación entre ambas especies continúa moldeando la biología canina hasta el presente.

Fuente:
Infobae
