El Gobierno de Colombia anunció una de las decisiones más controvertidas en materia ambiental de los últimos años: la autorización de la eutanasia como medida para controlar la creciente población de hipopótamos que habita en el país, descendientes de los animales introducidos ilegalmente en los años 80 por Pablo Escobar.
La medida, presentada como parte de un plan integral del Ministerio de Ambiente, busca frenar una expansión que científicos califican como crítica para los ecosistemas nacionales.
Irene Vélez Torres, ministra (e) de Ambiente y Desarrollo Sostenible, expresó que la decisión tuvo lugar en el propósito de “reducir la población de hipopótamos”. En ese sentido, se exploraron dos caminos: la translocación y la eutanasia. “Esta última es una medida técnica, que hace parte de lo que la ciencia nos pide hacer cuando no es posible la translocación. Hoy estamos anunciando un protocolo de eutanasia para que las autoridades ambientales puedan implementarlo con el acompañamiento de institutos científicos, porque sin esta acción es imposible controlar el crecimiento de la especie”, aseguró ella.

Una especie invasora fuera de control
Actualmente, se estima que hay entre 160 y 200 hipopótamos en la región del Magdalena Medio antioqueño, una cifra que podría aumentar drásticamente en los próximos años si no se toman acciones contundentes.
Expertos advierten que, sin intervención, la población podría alcanzar hasta 1.000 individuos hacia 2035, poniendo en riesgo la biodiversidad local, incluyendo especies como manatíes y tortugas de río.
Estos animales, considerados una especie invasora, alteran los ecosistemas acuáticos, afectan la calidad del agua y generan riesgos tanto para la fauna nativa como para las comunidades humanas.
¿Por qué eutanasia? Las razones del Gobierno
Tras años de debate, el Gobierno optó por incluir la eutanasia dentro de su estrategia de control, argumentando que otras alternativas —como la esterilización o el traslado internacional— han resultado insuficientes, costosas o inviables.
De hecho, varios intentos por reubicar hipopótamos en otros países no lograron concretarse por falta de permisos o interés internacional.
El plan contempla intervenir al menos 80 ejemplares a partir del segundo semestre de 2026, utilizando protocolos que incluyen sedación previa para minimizar el sufrimiento del animal.
Además, el Gobierno destinó cerca de 7.200 millones de pesos para ejecutar esta estrategia.
Ciencia vs. ética: un debate abierto
La decisión ha generado una fuerte división. Por un lado, científicos y expertos en conservación respaldan la medida, asegurando que es necesaria para evitar un daño ambiental mayor y proteger especies nativas.
Por otro, sectores animalistas la califican como una solución “cruel” y cuestionan que se trate de animales que, en última instancia, son víctimas de decisiones humanas del pasado.
El debate pone sobre la mesa una tensión cada vez más visible: ¿hasta dónde puede llegar la intervención humana cuando se trata de corregir desequilibrios ecológicos que ella misma provocó?
Un problema con historia
Los hipopótamos en Colombia tienen un origen singular. Fueron traídos como parte de un zoológico privado en la Hacienda Nápoles, en Antioquia. Tras la muerte de Escobar, los animales quedaron sin control y comenzaron a reproducirse en libertad, adaptándose con éxito al entorno colombiano.
Hoy, décadas después, su presencia representa uno de los casos más complejos de manejo de especies invasoras en el mundo.
Sin embargo, más allá de Colombia: una discusión global. El caso colombiano se ha convertido en referencia internacional sobre cómo enfrentar especies introducidas fuera de su hábitat natural. Mientras algunos ven en la eutanasia una medida necesaria basada en evidencia científica, otros insisten en alternativas que prioricen la vida animal, incluso si implican mayores costos o tiempos más largos.