Por: Mariana Zapata García
Inevitablemente, con el paso de los años, lo que oímos al despertar ha cambiado; pasamos de escuchar los trinos de los pájaros que anunciaban lluvia, o a niños jugando y corriendo desde muy temprano, a ladridos y cuatro patas pisando todo lo que encuentran a su paso.¡El mundo ha cambiado!
Desde 2020, la familia multiespecie ha aumentado un 19% en la sociedad colombiana, es decir, nuestros peluditos se volvieron parte fundamental en la comunidad actual. La palabra comunidad viene del latín communitas, que significa “conjunto de personas -y, en este momento, animales- que viven juntos”; por eso es que, hoy en día, habitamos muchos más lugares con ellos: los restaurantes, centros comerciales y universidades, entre otros, dejaron de ser exclusivamente para humanos, lo que, hace algunos años, era casi imposible de imaginar.
Hablar un poco de contexto e historia con ciudades que han sido referentes en urbanismo pet friendly es una forma de entender el fondo de estas “adaptaciones”. Nueva York (USA) fue una de las pioneras en incorporar dog runs (áreas cerradas para perros) dentro de parques públicos. Estas se pueden encontrar en lugares como Madison Square Park o Central Park, que cuentan con zonas específicas para mascotas y horarios regulados.


Lo interesante es que la ciudad entendió, desde hace muchos años, que estos espacios no solo benefician a los perros, sino que fortalecen la convivencia entre vecinos y reducen conflictos por el uso de las áreas comunes. Según un texto del periódico The New York Times, titulado “Dog Run Culture”,los parques caninos dejaron de ser simplemente lugares para que los perros hicieran ejercicio, y se transformaron en importantes espacios para las personas. Se descubrió que los dueños de mascotas desarrollan relaciones cotidianas mientras sus perros juegan, que cada parque tiene una personalidad propia y, además, notaron que los perros actúan como facilitadores de interacción. Por último, el artículo plantea que los parques para perros ayudan a fortalecer el sentido de pertenencia al barrio y fomentan el uso del espacio público, convirtiéndose en un elemento valioso dentro del tejido urbano.
Europa y Asia no se quedan atrás: en Barcelona (España), se ha impulsado una política de espacios para perros conocida como “pipicanes”, presentes tanto en parques como en barrios residenciales. Su enfoque se basa en que las mascotas forman parte de la vida urbana, por lo que la planificación debe incluir áreas de juego, fuentes de agua, mobiliario específico y normas de convivencia. Tokio (Japón), por otro lado, aunque es una ciudad con espacio limitado y muchos conjuntos residenciales, siempre incluyen pequeños parques para perros, estaciones para limpiar las patas antes de entrar al edificio, ascensores pet friendly y zonas de aseo para mascotas.

La opinión de los arquitectos
John Fredy Giraldo, arquitecto de la inmobiliaria Londoño Gómez, confirma que tener una mascota dentro de la familia es una tendencia que llegó para quedarse; no es algo pasajero. “Cada día es más común que en el núcleo familiar haya una mascota. La configuración de las familias cambió y, definitivamente, es una condicionante del diseño”. Asimismo, cuenta que los espacios para mascotas son, muchas veces, una controversia en las comunidades, por lo que siempre se procura tener espacios separados, y lejos de los apartamentos, para lograr que haya un mayor disfrute de las mascotas sin afectar a las personas que no las tienen. Añade John Fredy que esta necesidad se ha ido resolviendo intuitivamente según las necesidades que expresan los clientes. Según su experiencia, para la mayoría de proyectos han tenido que ajustar los tamaños de las zonas comunes para incluir espacios para mascotas, ya que, en este momento, “se ha disminuido el protagonismo las zonas de juegos y de niños, para llegar a tener un equilibrio con las mascotas como integrantes de la familia”.
Por otro lado, según Juan David Hoyos, arquitecto del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, se piensa la familia multiespecie como prioridad, aprovechando los espacios al máximo y equilibrando las necesidades de todos los habitantes. Aun así, Juan David piensa que lo más importante para integrar a todos los seres vivos es tener normas muy claras en estas zonas, con el fin de que haya una buena convivencia y seguridad. También cuenta que el mayor reto a la hora de diseñar un lugar para familias multiespecie es aprovechar al máximo el mobiliario, y que se puedan controlar los olores y los residuos en estos lugares.
Indiscutiblemente, la infraestructura de Colombia ha cambiado y, actualmente, contar con una zona pet friendly influye mucho en la decisión de compra de una vivienda; porque, se sabe, que donde cabe uno, caben todos.
