El paseo diario es la actividad fundamental para el equilibrio físico y mental de cualquier canino. Sin embargo, de manera paradójica, este momento de esparcimiento suele convertirse en una fuente oculta de estrés, frustración y accidentes debido a prácticas arraigadas pero perjudiciales que cometen los propietarios de forma cotidiana en los entornos urbanos colombianos.
El peligro silencioso de la correa extensible
Uno de los errores técnicos más extendidos es el uso de la correa extensible o tipo flexi. Aunque se comercializa bajo la premisa de otorgar mayor libertad al animal, los educadores caninos advierten que este accesorio enseña al perro a tirar constantemente para avanzar, eliminando la comunicación fluida con su guía.

A nivel de seguridad, las correas extensibles reducen drásticamente la capacidad de reacción del dueño ante una emergencia, como el ataque de otro animal o el cruce imprevisto de un vehículo. El mecanismo de tensión constante mantiene al perro en un estado de alerta neurológica continua, incrementando su reactividad hacia el entorno en lugar de relajarlo.
Socializar no es obligar a interactuar
El segundo error crítico es la creencia de que un perro “sociable” debe interactuar físicamente con cada persona o animal que se cruza en su camino. Obligar a una mascota a saludar a otros perros contra su voluntad, o permitir que extraños invadan su espacio vital sin leer su lenguaje corporal (como orejas gachas o cola baja), es una causa frecuente de agresividad por miedo.

El paseo de calidad debe priorizar el bienestar del perro sobre las expectativas humanas. Permitir el olfateo libre, utilizar correas fijas de longitud adecuada (entre dos y tres metros) y respetar las distancias de comodidad de cada individuo son las claves para transformar una rutina estresante en un verdadero espacio de descompresión psicológica.
Fuente:
Asociación de Médicos Veterinarios de Colombia (AMEVEC)
Asociación Vasca de Etología Clínica
